jueves, 4 de julio de 2013

Los abogados quizás no seamos tan malos

Ayer en el acto de la Jura de nuevos Letrados que tuvo lugar en el Colegio de Abogados de Murcia, pude escuchar como se ofrecía una definición del abogado que hasta ahora no había conocido, la dada por la Sentencia de la Sala 1.ª del Tribunal Supremo de 22 de enero de 1930: 

"...no puede admitirse que el Abogado sea únicamente la persona que con el título de Licenciado o Doctor en Derecho se dedica a defender en juicio, por escrito o de palabra, los intereses y las causas de los litigantes, sino que es el consejero de las familias, el juzgador de los derechos controvertidos cuando los interesados lo desean, el investigador de las ciencias históricas, jurídicas y filosóficas, cuando éstas fueran necesarias para defender los derechos que se le encomiendan, el apóstol de la ciencia jurídica que dirige la humanidad y hace a ésta desfilar a través de los siglos".

En dicho acto celebrado ayer, varios de los intervinientes manifestaron que la abogacía es una profesión necesaria y que, a pesar de lo que se pueda decir, se encuentra bien valorada por la sociedad. 

La curiosidad me ha llevado a buscar algún estudio que analice la concepción que tiene la opinión pública del abogado, y cuál ha sido mi sorpresa al descubrir que, según el Barómetro de Opinión del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) del pasado mes de febrero, los abogados se encuentran mejor valorados como profesionales que los jueces, con una puntuación de 61.84 puntos sobre una escala de 0 a 100 (frente al 59.01 obtenido por los jueces), siendo la abogacía el segundo oficio más recomendado como empleo a aconsejar a un hijo o un buen amigo (el 17,4 por ciento de los encuestados recomendaría la profesión de abogado).

Puede ser que no seremos tan malos. 

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