jueves, 19 de diciembre de 2013

Aunque no esté de acuerdo con la norma y no tenga sentido, pasee a su perro con correa

A algún que otro ciudadano, le habrán impuesto una multa por pasear a su perro sin correa. A un amigo mió también: fue multado con una sanción muy cuantiosa por dar un paseo a su perro sin llevarlo atado, por mucho que el cánido pesará poco más de 5 kilogramos.

Considerando desproporcionada la sanción económica impuesta, me molesté en informarme sobre tal asunto, encontrándome con el supuesto resuelto por el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo núm. 3 de Bilbao, en Sentencia de 14 de mayo de 2013, el cual conoció del recurso interpuesto por una persona que fue sancionada por el Ayuntamiento de Getxo por la siguiente conducta: tener sueltos dos perros raza Westy de su propiedad.


Tal comportamiento se consideró constitutivo de la infracción prevista en el artículo 26.2.h) de la Ordenanza Municipal del Ayuntamiento de Getxo reguladora de la tenencia y protección de animales (Se considerarán infracciones graves: Que en las vías y espacios públicos urbanos, así como en las partes comunes de los inmuebles colectivos, los animales de la especie canina no vayan bajo control y no estén sujetos mediante  una cadena o correa adecuada a las características del animal y con una longitud máxima de dos metros) siendo sancionado con una multa de 300,52 euros.

El sancionado recurrió la multa impuesta alegando como motivo de su impugnación la no peligrosidad de los perros.

El Juzgado de lo Contencioso-Administrativo confirmó la sanción impuesta, rechazando la alegación realizada por la recurrente sobre la no peligrosidad de los perros; la recurrente alegó que "se trata de dos perros de raza pequeña (Westy), perfectamente controlados y "pegaditos" a ella, con los que nunca ha tenido ningún problema”. 

Afirma la citada sentencia que “Al margen de que la recurrente esté o no de acuerdo con el contenido y razonabilidad de la norma y no discutiéndose la veracidad de los hechos que constan en el Acta de inspección, la Ordenanza no discrimina según el tipo o las características del perro, estableciendo la obligación para toda clase de perros”.

Éste es uno de los muchos ejemplos en que el juzgador indica muy claramente al recurrente que, por mucho que éste no lo comparta, la norma dice lo que dice y obliga a lo que obliga; en este caso, se expone que no existe excepción alguna a dicha obligación de atar con cadena o correa a todo perro que sea paseado, por muy pequeño o dócil que sea el perro.


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