jueves, 10 de julio de 2014

La jerga de jueces, abogados y demás profesionales del Derecho

Continuando con mi lectura de "Los Viajes de Gulliver", sigo encontrarme más alusiones al Derecho, las leyes y al sistema judicial.

El autor de esta obra, el escritor Nathan Swift, adelantándose a su tiempo, hablaba de un sistema judicial con un lenguaje apto para todos los públicos:

Ninguna ley de aquel país debe exceder en palabras el número de las letras del alfabeto, que es allí de veintidós; pero, en verdad, son muy pocas las que alcanzan esta extensión. Están redactadas con los términos más claros y sencillos, y aquellas gentes no son lo bastante perspicaces para descubrir en ellas más de una interpretación, y escribir un comentario a una ley es un crimen capital. En cuanto a los fallos en las causas civiles y los procedimientos contra los criminales, tienen allí tan pocos precedentes, que mal podrían jactarse de pericia ninguna en ellos.


Este país del que nos habla el Señor Swift representaría un escenario totalmente contrario a los sistemas judiciales actuales donde el lenguaje que gastan los jueces y otros operadores de la justicia es técnico, complicado y, a veces, un poco confuso, no resultando comprensible para el ciudadano.

Cuando se público su obra en 1726, con estas manifestaciones este autor venía a criticar el complejo lenguaje jurídico que se gastaba en Inglaterra, nación en la que vivió durante mucho tiempo. Contrasta que el Señor Swift venga a poner de manifiesto un problema al que tan solo se le ha puesto solución en el Reino Únido casi cuatro siglos después, cuando se ha procedido a suprimir la jerga especializada en los trámites jurídicos:

La nueva terminología incluye cambios en términos tan asequibles como demandante, que pasa a ser "el que inicia el procedimiento". La demanda misma se convierte en "el escrito que contiene la petición

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